Para Todos

Nº 07/2018

Un mensaje bíblico

¿Tu nombre está escrito en el

libro de la vida?

“Vi un trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante

del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró

para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie

ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto,

el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por

las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el

Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron

juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades

fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado

al lago de fuego” (Apocalipsis 20:11-15).

¿Tu nombre está escrito en el libro de la vida?

Esta pregunta es para ti personalmente, para ti que lees este

texto sacado de la Biblia, el libro de Dios.

¡Es una pregunta esencial, la cual debes responder!

No pienses en tu corazón esta horrible frase: «Más tarde

veremos, después de la muerte». O: «Soy demasiado joven y

quiero aprovechar la vida, no pienso en eso hoy».

Tampoco trates de tranquilizar tu conciencia diciendo: «Estoy

seguro de que mi nombre está escrito en el libro de la vida y

siento que iré al paraíso con Dios porque él es demasiado

bueno para echarme en el infierno». O: «Estas cosas me

asustan demasiado, por eso prefiero no pensar en ellas».

Escucha esta pregunta una vez más:

¿Tu nombre está escrito en el libro de la vida?

Es una cuestión de vida o muerte. Vale la pena considerarla

atentamente. Cada uno será juzgado según sus obras, pero

nadie podrá ser justificado ante Dios por ese medio.

Cumplir cabalmente actos religiosos, mantener una conducta

irreprochable ante tus propios ojos, realizar peregrinajes,

repetir oraciones, asistir a los oficios religiosos, pertenecer a

una familia cristiana o ser bautizado, dar limosnas, involucrarse

en obras humanitarias, tener un carácter gentil o amable,

nada de esto es suficiente para ser justificado delante del

Juez de toda la tierra. No, “no hay justo, ni aun uno” (Romanos

3:10). ¡Todos hemos pecado!

Entonces, ¿qué hay que hacer para tener la

vida eterna, para estar inscrito en el libro de la vida,

y así ser salvo de la muerte?

Dios es justo y también es el Dios Salvador, un Dios de gracia

que no quiere que ninguno perezca, sino “que todos los hombres

(incluido tú) sean salvos y vengan al conocimiento de la

verdad” (1 Timoteo 2:4).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su

Hijo unigénito (Jesús), para que todo aquel que en él cree, no

se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Así, pues, arrepiéntete y cree en Jesús

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay,

siendo Señor del cielo y de la tierra… ahora manda a todos

los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha

establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia”

(Hechos 17:24, 30-31).

Hoy mismo, reconoce humildemente que eres un pecador

perdido, y arrepiéntete, es decir, confiesa ante Dios: «Soy un

pecador. Me arrepiento sinceramente. Me avergüenzo de mí

mismo y te pido perdón».

Luego pide a Jesús que entre en tu corazón, porque todos los

que creen en él “son justificados gratuitamente por su gracia,

mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios

puso como propiciación por medio de la fe en su sangre… a

fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de

Jesús” (Romanos 3:24-26). Jesús es el único mediador entre

Dios y los hombres: “Jesucristo… se dio a sí mismo en rescate

por todos” (1 Timoteo 2:5-6).

Reconcíliate con Dios

“Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2

Corintios 5:20). “Está establecido para los hombres que mueran

una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Ahora mismo, y no mañana, debes acercarte a Dios con sinceridad

de corazón y con fe, estando convencido de que “si

decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros

mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8). Pero

“si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar

nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (v. 9).

El deseo de Dios es que tú seas salvo y escapes de la muerte

eterna. Por eso, aceptando a Jesús como Salvador y Señor

personal, sabrás con certeza que la sangre de Jesucristo te

limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).

Si haces estas cosas y crees en tu corazón, entonces

tu nombre está escrito en el libro de la vida:

tienes la vida eterna.

¡No rechaces la salvación que Dios te ofrece hoy!

Si rechazas a Jesús como tu Salvador, te pones voluntariamente,

por rebeldía contra Dios, fuera de su gloriosa ciudad,

descrita en este versículo: “No entrará en ella ninguna cosa

inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente

los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis

21:27). “Y el que no se halló inscrito en el libro de la

vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).

Esto es lo que acontecerá a la persona cuyo nombre no esté

inscrito en el libro de la vida: será echada en el lago de fuego,

es decir, en el infierno. Esta es la suerte eterna reservada a

quien rechaza el único medio que Dios ofrece al hombre para

obtener su perdón y la vida eterna. “El que cree en el Hijo (de

Dios) tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no

verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

Es muy importante saber con certeza a dónde irás después

de dejar esta tierra: ¿a la felicidad y la paz de la vida eterna,

o a los tormentos eternos del infierno?

¿Estás seguro de que tu nombre

está inscrito en el libro de la vida?

“A todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su

nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan

1:12).

Puedes tener la certeza de que tu nombre está “en el libro de

la vida” (Filipenses 4:3) si crees en Jesús como tu Salvador y

Señor personal.

J. C. Kouassit

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